Los integrantes del congreso que habremos de asumir el próximo 16 de agosto, tenemos tareas ineludibles hacia la transformación de nuestra sociedad.
Estos retos proyectan una sociedad dominicana mejor, por lo que nuestra labor tendrá carácter histórico.
Y es que estamos frente a un congreso fortalecido en su rol por la recién proclamada Constitución, colocando en nuestra espalda más responsabilidad en la fiscalización y control.
Entonces, corresponde dedicarnos sin cesar, junto a toda la sociedad y con los otros dos poderes del Estado, operativizar los nuevos principios constitucionales, pero la mayoría de esas adaptaciones se ejecutarán a partir de las aprobaciones de nuevas leyes o modificaciones de las existentes.
Además, los nuevos congresistas estamos compelidos, casi con el fuete atrás, a complementar las ejecutorias del Poder Judicial y del Ejecutivo a propósito de la urgencia de aplastar la delincuencia, adecuar los códigos judiciales con la misma dureza con que actúan los perversos; así como ofrecerle la confianza y el respaldo al Presidente Leonel Fernández, frente a su heroica política económica en momentos en que aún coletea la crisis inmobiliaria, financiera y económica mundial.
Los mandatos constitucionales en materia de medio ambiente, desarrollo fronterizo, la familia, el estado social, la política internacional, los derechos ciudadanos, la mujer, la juventud, las garantías constitucionales, etc. habrán de tomar el rumbo de Nación si nosotros, congresistas electos para el bien colectivo, logramos consensuar cada palabra, cada párrafo y artículo con todos los sectores de la sociedad, vale decir, los organismos de base, sectores económicos, iglesias, sociedad civil y los partidos políticos, quienes tenemos que abrir el congreso de par en par.
Esto quiere decir, que el más humilde de nuestra sociedad debe tener las puertas abiertas y ser escuchado, llevándose sus planteamientos al Senado y la Cámara de Diputados, a los plenos, las comisiones, vistas públicas o simplemente al legislador que entienda de lugar. No importa que no coincidamos con las ideas que nos expongan. Hay que consensuar sin torpedear, para elaborar el producto que persigue la Constitución y el pueblo.
Conociendo las cualidades del doctor Reinaldo Pared Pérez, presidente del Senado, sé que así será, como lo hicimos en el cuatrienio pasado.
Son miles los temas y las acciones en que existen coincidencias en la sociedad, pues laboremos sin cesar para echarlo hacia delante y aquellos aspectos donde no existan coincidencia, llevémoslos a la discusión pública y colectiva, para que esas divergencias puedan ser aminoradas y lograr propósitos comunes.
¡Y no es un sueño!
Solo bastaría un ejemplo. Me explicaba un Senador brasileño que el presidente Luis Inacio Lula Da Silva, habría logrado que el empresariado prosperara en sus negocios al mismo tiempo que era evidente la reducción de la pobreza en los más bajos extractos, es decir, que ricos (los amos del sistema) y pobres (los explotados del sistema) ambos aplauden la política económica y social de ese gran hombre surgido de las entrañas mismas del pueblo y del sindicalismo latinoamericano.
Así nosotros, los nuevos congresistas, estamos en el deber de ser partícipes directos de esa estrategia de desarrollo que ha propuesto el gobierno, puesto que no se puede estar dando túmbalos ni observando una cosa buena o mala, según se esté en el gobierno o en la oposición.
No.
¡No Señor¡
Actuemos pensando en nuestro país, independientemente de nuestra condición partidaria, religiosa y económica. Y es que el electorado ha confiado en nosotros para fortalecer la sociedad, no para luchar por intereses particulares, pues hay que romper los tiempos de "¡Horacio o que se meta el mar!"
Finalmente, yo, que conozco a la mayoría de mis colegas, confío en el trabajo que vamos a realizar, máxime cuando ese es el interés y la voluntad del presidente Leonel Fernández, que por formación es un hombre de buena voluntad que actúa para mejorar el presente y lograr un futuro como soñaron Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y Caamaño. |